“Semana Santa secuestrada”, por Edgar Papamija

2 mayo 2011

https://i0.wp.com/www.absolut-colombia.com/wp-content/uploads/2008/11/semana_santa_popayan.jpgEstoy totalmente de acuerdo con el último artículo de opinión del político liberal Edgar Papamija en periódico patojo El Liberal. Aquí encuentran el texto en la página en El Liberal (mirar el artículo abajo a la izquierda), y a continuación la transcripción del texto, con enfasis míos:

Hace más de cuatro siglos, las gentes que se establecieron en Popayán construyeron sus ritos religiosos mezclando acertadamente elementos de la religión Ibérica  con algunos símbolos de la teogonía indígena. La semana santa es la máxima expresión de una sociedad clasista que se despojaba temporalmente de sus prejuicios y se fundía sin distingos bajo los sitiales de las procesiones. Su importancia no radica solo en su belleza y solemnidad sino en la capacidad de un pueblo para trasmitir a la posteridad la mística de una tradición religiosa. Hoy, no se quiere reconocer que la sociedad es otra y que las procesiones están en franca decadencia, no por culpa de quienes viven en Popayán, sino por el egoísmo de quienes no quieren soltar barrote.

Ayer como ahora, las familias se encargaban de la ornamentación y del mantenimiento de los pasos; los hombres participaban de las labores rudas del armado y cargue, mientras las mujeres se encargaban de su ornamentación. La autoridad la ejercían los regidores que eran personajes respetables de la sociedad. Los obreros institucionalizaron su representación en magníficos coros como el del  Orfeón Obrero. La Universidad participaba con su reina y su cohorte de estudiantes. Los estudiantes de bachillerato salían como alumbrantes pero en un sitio de privilegio que los hacía parte del desfile. Los caballeros del Santo Sepulcro eran eso: caballeros, que no suscitaban, como ahora, murmullos a su paso.

No sé en qué momento las “señoras bien” de Popayán, resolvieron quitarle a las mujeres del pueblo el oficio de sahumadoras, desempeñado por bellas mestizas y mulatas, generalmente frutos hermosos de amores prohibidos, que representaban toda una clase social que se integraba así al sacro desfile. Hasta los presos de Popayán tenían una activa participación cuando el lunes santo, la ciudadanía encaminaba sus paso al Proceso, en manifestación comunitaria de cristiana caridad. En conclusión, todos los estamentos sociales estaban vinculados a la Semana Santa.

Hoy, un sector de la ciudad se apropió de las procesiones. La sociedad que refleja la Semana Santa actual, es la sociedad del siglo XVIII o la del XIX, incluso con mayores exclusiones, pero no la del siglo XXI. Muchos de los actores actuales ya no viven en la ciudad; y que vengan cada año a cargar, es una acción egoísta que los envanece pero que poco aporta al conjunto. Se hacen innovaciones para dar cabida a los hijos y parientes de ese pequeño sector, pero falta desprendimiento e imaginación para abrir espacios a los nuevos actores sociales de una ciudad de más de trescientos mil habitantes, en su mayoría ajenos e indiferentes a una tradición que no les pertenece.

Ni los estudiantes, ni los universitarios, ni los obreros, ni los campesinos, ni los comerciantes, ni los transportadores, y en general casi ninguna de las fuerzas vivas de la ciudad, sienten como propia la Semana Santa.

Cuando venciendo el egoísmo y los prejuicios se le entregue a cada comuna de la ciudad la responsabilidad de responder por un paso, o cuando se le asigne a cada sector, gremio o grupo social, un día de las procesiones para que responda por su organización, esta nueva sociedad hará suya la Semana Santa que recuperará solemnidad, respetabilidad y convocatoria, como consecuencia lógica de la devolución a sus verdaderos dueños: los hombres y las mujeres que viven en Popayán.

¡Totalmente de acuerdo!

Lo de entregar la responsabilidad de los pasos a las comunas es una idea original me parece, y que tiene sentido… Si alguna vez la responsabilidad de los pasos pasó de las cofradías y de la Iglesia, a las familias tradicionales, que se hicieron dueñas de los pasos, con cargos de síndicos hereditarios, pues también se puede revertir y “democratizar” esta “vaina”!

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