Esperanzas y preguntas acerca de la paz en Colombia

2 septiembre 2012

Quizás las FARC no alcancen a celebrar sus 50 años en el año 2014. De acuerdo a algunos medios, en los últimos meses se realizaron más de 30 encuentros entre representantes del Gobierno y el Secretariado de las FARC en Cuba y en Colombia, para comprobar si ambas partes realmente le apuestan a la paz o están jugando nuevamente con la salud mental del país. De manera retrospectiva, podemos interpretar que el reconocimiento del conflicto armado como tal (con carácter político) por parte del Gobierno, y el anuncio del abandono del secuestro extorsivo, por parte de las FARC, fueron pruebas de buena voluntad y de la seriedad en las intenciones de cada una de las dos partes, lo cual genera un alto nivel de confianza.

Mientras tanto, las acciones de los indígenas Nasa del norte del Cauca han sido analizadas por los sectores uribistas y la “élite” caucana como una alianza entre éstos y la subversión. Por su parte, las comunidades indígenas y sus organizaciones legítimas, agrupadas en el CRIC, han reafirmado que lo único que quieren es la paz en sus territorios, esta paz anhelada, que hasta la fecha todos los actores armados presentes les están impidiendo vivir. Estas comunidades organizadas exigieron que el Presidente de todos los colombianos acudiera a escucharlas. Y a pesar de los obstáculos en su camino, Juan Manuel Santos llegó al resguardo de La María, declarado “Territorio de Diálogo, Convivencia y Negociación”. En este escenario de paz, el Presidente no solamente afirmó que los indígenas no son guerrilleros, sino que también pidió perdón por las incontables víctimas indígenas, personas asesinadas, heridas, desplazadas y traumatizadas. Para las comunidades indígenas, el Presidente generó confianza en este proceso de paz nacional, con una postura constructiva y basada en el diálogo.

Pero, entonces ¿por qué algunos de sus voceros insisten en que si hay un proceso de paz, el movimiento indígena y sus autoridades tradicionales legítimas, deben ser participes de este proceso? ¿Por qué los indígenas, los campesinos, los afrodescendientes, los desplazados, las mujeres y los jóvenes del departamento y del país, siguen insistiendo en que la paz es más que la cesación del intercambio de disparos entre bandos armados, por muy públicos o muy ilegales que sean? Probablemente porque no escuchan respuestas a las siguientes preguntas: ¿Desaparecerán los cultivos de uso ilícito si el narcotráfico sigue siendo un negocio tan lucrativo y no se protege la producción agropecuaria nacional y local? ¿Cesará la minería contaminante si no hay garantías reales de respeto por los territorios? ¿Y qué pasará con las BACRIM y los “ejércitos anti-restitución” diseminados en todo el país y en el Cauca? ¿Seguirán amenazando y matando las personas y comunidades que reivindican sus derechos?

Estas preguntas muy probablemente no obtendrán respuestas en La Habana ni tampoco en Oslo. Por todas estas razones, la sociedad civil y las organizaciones sociales del Cauca hoy reafirman que la verdadera paz es el proceso de construcción de la justicia social, en el cual debe participar toda la sociedad civil y en primer lugar las víctimas. Si les hacemos caso, el Cauca sí podría ser el primer departamento del país que conozca una paz verdadera…

30 de agosto de 2012.

Cyril Perret y Zorany Zúñiga

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APUNTES SOBRE EL SEMINARIO INTERNACIONAL “TERRITORIOS ÉTNICOS Y AUTONOMÍA EN AMÉRICA LATINA”, DEL OBSERVATORIO DE TERRITORIOS ÉTNICOS DE LA UNIVERSIDAD JAVERIANA (BOGOTÁ, NOVIEMBRE DEL 2011)

21 enero 2012

Empiezo con un agradecimiento a Ginna y Victoria por haberme compartido la información y convocatoria de este seminario, que estaba en la página del Observatorio de Territorios Étnicos de la Javeriana, pero que no iba a ver nunca si no fuera por ellas. Aquí encuentran el programa del seminario, que está muy interesante.

El seminario duró 3 días y me interesó mucho por la relación que tiene con mi trabajo por supuesto, pero también por la participación prevista de Eduardo Restrepo y Axel Rojas, quienes escribieron un libro publicado este año 2011, titulado “Inflexión Decolonial”, que me regaló Zorany algo como dos meses antes, y que estaba terminando de leer cuando me enteré del evento.

No voy a detallar el contenido de todas las ponencias sino resaltar varios puntos interesantes del Seminario desde mi perspectiva:

  • Me parece chistoso ver la competencia entre universidades privadas colombianas para abordar el tema de las comunidades rurales, étnicas, campesinas, etc. en Colombia. La Javeriana montó este observatorio, más orientado al trabajo con comunidades afro-descendientes, incluso consiguió financiación de la AECID para realizar varias actividades con comunidades y académicas, y por su parte la Universidad de los Andes tiene también su “Observatorio de Discriminación Racial”. No sé si nace de un interés propio de estas universidades, si es un efecto de moda o si es el producto de la orientación de la financiación de proyectos internacionales hacia estos temas. Esperemos que quede algo útil para las comunidades en unos años.
  • En cuanto al último tema del seminario: “Procesos de dominación, desterritorialización y resistencias”, creo que llegue a definir una perspectiva propia, inspirada por lo que compartieron los ponentes, pero también fuertemente nutrida por mis lecturas personales. En cuanto a este tema, quise proponer la idea que, si las nuevas formas de querer desterritorializar las comunidades rurales consisten en buena parte en fomentar conflictos “inter-étnicos” (resguardos indígenas, consejos comunitarios afros y zonas de reserva campesina, peleando entre sí, mientras las actores legales e ilegales ocupan y saquean los territorios), entonces la mejor forma de resistir esta des-territorialización sería la re-territorialización, que podría consistir en primer lugar en promover y crear “territorios inter-étnicos”, o dicho de mejor manera “territorios multi-étnicos”.
  • Creo que esta propuesta retoma en buena parte también los planteamientos del profesor Eduardo Restrepo (que dio la conferencia inaugural y de clausura del evento) en cuanto al multiculturalismo verdadero, basado en la “pedagogía de la alteridad” (reconociendo que somos todos diferentes y buscando la convergencia con otras culturas), que nos evita caer en el culturalismo, producto de la “otrerización” (y separación) con las demás culturas. Eso implica que en el proceso de “territorialización” o “re-territorialización” (que necesariamente coexisten, anteceden o le siguen a la “des-territorialización”), se tenga claro el planteamiento multicultural.
  • Finalmente, quiero resaltar el impresionante trabajo realizado durante años (y con el apoyo de varios proyectos de cooperación) por el Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (COCOMACIA) en el Chocó (desbordando a otros departamentos), que a mí me pareció ser ni más ni menos que un verdadero Plan de Ordenamiento Territorial, Económico y Ambiental, desde las mismas organizaciones sociales representativas de las comunidades (afro, campesinas e indígenas) que ahí viven. La presentación que hizo su delegada fue muy rápida, pero dejo entrever muchos avances logrados en los últimos años en esta región. y además, me pareció muy interesante ver que la estructura interna de COCOMACIA es muy parecida a la del CRIC, desde mi punto de vista, con sus nivel local, zonal, departamental, sus áreas internas de trabajo…

En fin, un seminario que permitió aclarar unos puntos conceptuales y conocer experiencias valiosas, y después del cual me subí a un avión para ir a otro evento, esta vez en Cuba: el Curso y Encuentro Internacional de Agroecología y Agricultura Sostenible, organizado por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), el cual voy a relatar en la próxima entrada…

 


Construyendo un sistema productivo agroecológico en Timbío, Cauca, Colombia – 2. Siempre hay una primera vez

14 diciembre 2011

Les mando el segundo “episodio” de este intento de hacer algo interesante para llegar a vivir una vida autónoma y productiva (y no de consumo), partiendo de la tierra, que nos alimenta y produce la única verdadera riqueza pura en este mundo, para parafrasear y reformular a José Martí.

El primer episodio (que describe el por qué de todo esto, qué es lo que estoy planteando, etc.) todavía no está escrito, así que tendrán que esperar un poco más para leerlo.

AQUÍ VA EL DOCUMENTO QUE RETRATA ESTOS PRIMEROS PASOS, todavía improductivos, pero interesantes para un principiante como yo, con muchas ganas de conocer, aprender y practicar…


¿SEGURIDAD, SOBERANÍA O AUTONOMÍA ALIMENTARIA?

2 diciembre 2011

Introducción

La situación de la mayor parte de la población del departamento del Cauca y del país, en cuanto al escenario económico, productivo y alimentario no es alentadora. Con el Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado hace poco con el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, no lo es menos. Colombia es hoy en día el país más desigual de Latinoamérica y está entre los 10 países más desiguales del mundo, con un coeficiente de Gini de 0.59 (un índice de 1 siendo el estado de desigualdad máxima). Es el único país latinoamericano que nunca realizó una verdadera Reforma Agraria, hecho agravado con el impacto de la guerra que despojó varios millones de hectáreas a campesinos, indígenas y afro-descendientes, lo cual hace del país, una de las naciones con mayor concentración de la tierra en el mundo (existe un índice GINI de la concentración de la tierra, el índice de Colombia gira alrededor de 0,90).

Dado lo extremo de esta situación alimentaria en particular, el gobierno actual está obligado a buscar soluciones inmediatas pero también a largo plazo. A continuación analizaremos algunas posibilidades que tenemos delante de nosotros.

1. Seguridad Alimentaria vs Soberanía Alimentaria

Desde el gobierno nacional hasta los gobiernos departamentales y municipales, casi todos le apuestan a la SEGURIDAD ALIMENTARIA. La cual, según ellos, permite garantizar una alimentación suficiente para todos los habitantes del país, en particular los niños y niñas. Estas políticas de seguridad alimentaria, desde los comedores escolares y populares, hasta grandes proyectos de la Red de Seguridad Alimentaria (RESA) de Acción Social, así como los numerosos proyectos de cooperación internacional de ONG y organismos multilaterales, pretenden (a veces con éxito) suplir las necesidades alimenticias de las personas, centrándose en la “disponibilidad” de alimentos.

En el escenario definido por el TLC firmado recientemente, el país le apuesta a una política de garantizar la alimentación de la población más vulnerable a través de programas sociales, que el Estado financia gracias a las ganancias generadas por las exportaciones de monocultivos (café, azúcar, banano, cacao, etc.), a las regalías, o a través de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) con fondos de países donantes. Esta apuesta genera situaciones que podríamos calificar de absurdas, como por ejemplo, el caso del arroz que consumimos diariamente en Colombia. Más del 70% de este arroz es importado, cuando antes de la llamada “apertura económica” del gobierno de César Gaviria (1990-1994) el país producía el 90% del arroz que consumía. Y es así, con una enorme cantidad de productos que no mencionaremos ahora.

Es de acuerdo a esta lógica que los campesinos, indígenas y afro-descendientes del Cauca se han especializado en cultivos comerciales y de exportación (cacao, café, caña, fique, etc., ahora frutales y otros cultivos escogidos directamente de acuerdo a los lineamientos de empresas capitalistas o agencias de cooperación), los cuales supuestamente les iban a generar grandes beneficios económicos, pero que resultaron en más pobreza y mayores niveles de desnutrición en el campo caucano.

Frente a esta perspectiva, las organizaciones sociales y campesinas en todo el mundo se unieron y en su gran mayoría acataron la propuesta de la SOBERANÍA ALIMENTARIA, que le apuesta a la producción nacional de alimentos, para evitar la dependencia hacia otros países y el costo incremental de la alimentación importada, cuyos precios dependen de lo que establezcan las bolsas financieras internacionales, con las consecuencias conocidas recientemente (desde el 2006 hasta hoy) como REVUELTAS DEL HAMBRE, en la mayor parte de países dependientes de alimentos importados para su alimentación.

La propuesta de Soberanía Alimentaria también es un rechazo a los subsidios de los países industrializados a sus agricultores, los cuales pueden vender en todo el mundo, productos a un precio inferior al costo de producción y así destruyen las producciones y economías locales en el resto del mundo. Además, es una propuesta verdaderamente ecológica ya que propone una reducción de las distancias entre los productores y los consumidores, para que no comamos alimentos que han recorrido 10.000 km por todo el mundo antes de llegar a nuestros platos.

2. Las posibles contradicciones y efectos negativos no deseados de la Soberanía Alimentaria

La Vía Campesina visibilizó el concepto de SOBERANÍA ALIMENTARIA en el año 1996, en oposición a las políticas neo-liberales de la OMC. Este contexto es su razón de ser. Se escogió este término para enfatizar en la injusticia de las relaciones comerciales internacionales. Es una cuestión de soberanía en el comercio internacional de alimentos. Pero la definición extensiva que se ha ido construyendo abarca mucho más que la soberanía nacional/estatal como tal. Enfatiza en la agricultura familiar a nivel local, se opone al uso de semillas transgénicas, enfatiza en el acceso de los campesinos al agua y otros recursos, así como otros aspectos que nos parecen relevantes y positivos.

Pero para nosotros, existe un verdadero peligro en usar un término tan específico (la soberanía) y darle una definición tan extensiva. Por esta razón creemos y observamos que muchos países pueden avanzar en su soberanía alimentaria sin seguir las recomendaciones de La Vía Campesina. Y eso ya nos está llevando a contradicciones fuertes entre estos países, que avanzan hacia su soberanía alimentaria en un sentido estricto, y la definición extensiva de las organizaciones campesinas, las cuales generan confusión y debilita a estas últimas, con la posibilidad de que sean tachadas de radicales, extremistas, defensores de sus intereses personales encima de los intereses nacionales, en países latinoamericanos, africanos, asiáticos, con altos niveles  de pobreza urbana, quizás con otros intereses y reivindicaciones.

¿Qué podemos decir por ejemplo de un país como Cuba, el cual después de varios años de crisis alimentaria durante el Período Especial, recuperó buena parte de su producción de alimentos, incluso con niveles mayores, con menos insumos químicos (importados) y desarrolló una capacidad técnica probablemente incomparable en cuanto a semillas híbridas, bio-fertilizantes y bio-plaguicidas (todos nacionales), los cuales generan aún más soberanía en la producción de alimentos? Indudablemente la isla caribeña está construyendo su soberanía alimentaria. Es mucho más soberana que hace 20 años en su producción y consumo de alimentos. Incluso quizás sea uno de las países más soberanos del mundo…

Ahora, el Gobierno cubano está contemplando introducir una variedad de maíz transgénico para mejorar sus rendimientos y en consecuencia reducir aún más la necesidad de importar alimento para animales. ¿Está política es soberana? Sí, lo es. ¿Está política soberana reduce la dependencia hacia importaciones del extranjero? Sí, lo hace. De la misma manera, el Gobierno también promueve el uso de insumos químicos, para de alguna manera “garantizar” la producción de ciertos alimentos básicos en cantidades suficientes para alimentar la población y así evitar importaciones, volviéndose prácticamente esquizofrénico ya que por otra parte también promueve la conversión agroecológica de la agricultura nacional.

Estas preguntas y respuestas nos llevan a la conclusión siguiente: debemos superar este concepto de soberanía alimentaria y construir uno que nos permita garantizar realmente que la agricultura local, familiar y agroecológica sea la que prevalezca, produzca y alimente la población, antes que centrarnos en comparar balances internacionales de divisas.

3. Más allá de la soberanía alimentaria, construyamos la Autonomía Alimentaria

En buena parte, la construcción de este nuevo concepto debe “aterrizar” el concepto de soberanía alimentaria a nivel de comunidades y familias productoras, en vez de contemplarlo a nivel nacional. Esto implica que los pequeños productores, del Cauca por ejemplo: campesinos, indígenas y afro-descendientes, no sean dependientes. Por esta razón proponemos, el concepto de AUTONOMÍA ALIMENTARIA de las familias productoras y de las comunidades organizadas.

La propuesta enfatiza en la Autonomía, la cual es un concepto que ya han acuñado numerosas organizaciones sociales, en especial en el Cauca, que además de su definición occidental centrada en el individuo, significa aquí “el auto-gobierno de las comunidades”. En ese sentido, el concepto rompe claramente con la concepción nacional/estatal de la soberanía alimentaria. Pero también enfatiza en un aspecto nuevo: en el control por parte de las comunidades (y por extensión de las familias productoras, ya que a pesar de los esfuerzos en contra, el Cauca ha mantenido su estructura de agricultura familiar) de toda la cadena productiva. Eso implica que las familias productoras y las comunidades rurales no dependan de insumos externos (que sean fertilizantes, plaguicidas pero también de las semillas), y controlen en buena parte las cadenas de comercialización y no dependan de empresas capitalistas externas (que sean nacionales o multinacionales), entre otras cosas.

La propuesta de la Autonomía Alimentaria pretende construir un mundo rural en el cual cada familia y cada comunidad local consuma en prioridad y mayoría lo que produce, que conserve y recupere sus semillas nativas y locales, que tenga una producción agroecológica, diversificada, integrada (ver sistemas agro-silvo-pastoriles), con tecnologías apropiadas técnica y culturalmente, comunidades en las que se dé el trueque, que estas familias y comunidades sean los primeros “transformadores” de sus productos, a través de la micro y pequeña industria, y que sus excedentes sirvan para abastecer los mercados de las ciudades cercanas, favoreciendo la comercialización directa sin intermediarios. A su vez, consideramos que para fortalecer la Autonomía Alimentaria, hace falta fortalecer las organizaciones campesinas, indígenas, afro-descendientes y rurales en general, para que puedan desarrollar estos procesos en sus comunidades, siguiendo los principios y líneas directrices tanto de la agroecología como de las normas propias de las comunidades indígenas, afro-descendientes y campesinos.

En pocas palabras, hacemos la apuesta de la agricultura familiar y comunitaria agroecológica, sostenible, autónoma, cuyo proceso de transformación y comercialización no sea jerárquico ni centralizado, como es el caso hoy, y que mejoren decisivamente y definitivamente la calidad de vida de las comunidades rurales, a la vez que la alimentación de las comunidades urbanas. Esta alternativa es la única alternativa sostenible, y ya demostró en muchas partes del mundo que no es un sueño sino una realidad.

Cyril Perret & Zorany Zúñiga Vega

Versión en formato .docx aquí


“Semana Santa secuestrada”, por Edgar Papamija

2 mayo 2011

https://i0.wp.com/www.absolut-colombia.com/wp-content/uploads/2008/11/semana_santa_popayan.jpgEstoy totalmente de acuerdo con el último artículo de opinión del político liberal Edgar Papamija en periódico patojo El Liberal. Aquí encuentran el texto en la página en El Liberal (mirar el artículo abajo a la izquierda), y a continuación la transcripción del texto, con enfasis míos:

Hace más de cuatro siglos, las gentes que se establecieron en Popayán construyeron sus ritos religiosos mezclando acertadamente elementos de la religión Ibérica  con algunos símbolos de la teogonía indígena. La semana santa es la máxima expresión de una sociedad clasista que se despojaba temporalmente de sus prejuicios y se fundía sin distingos bajo los sitiales de las procesiones. Su importancia no radica solo en su belleza y solemnidad sino en la capacidad de un pueblo para trasmitir a la posteridad la mística de una tradición religiosa. Hoy, no se quiere reconocer que la sociedad es otra y que las procesiones están en franca decadencia, no por culpa de quienes viven en Popayán, sino por el egoísmo de quienes no quieren soltar barrote.

Ayer como ahora, las familias se encargaban de la ornamentación y del mantenimiento de los pasos; los hombres participaban de las labores rudas del armado y cargue, mientras las mujeres se encargaban de su ornamentación. La autoridad la ejercían los regidores que eran personajes respetables de la sociedad. Los obreros institucionalizaron su representación en magníficos coros como el del  Orfeón Obrero. La Universidad participaba con su reina y su cohorte de estudiantes. Los estudiantes de bachillerato salían como alumbrantes pero en un sitio de privilegio que los hacía parte del desfile. Los caballeros del Santo Sepulcro eran eso: caballeros, que no suscitaban, como ahora, murmullos a su paso.

No sé en qué momento las “señoras bien” de Popayán, resolvieron quitarle a las mujeres del pueblo el oficio de sahumadoras, desempeñado por bellas mestizas y mulatas, generalmente frutos hermosos de amores prohibidos, que representaban toda una clase social que se integraba así al sacro desfile. Hasta los presos de Popayán tenían una activa participación cuando el lunes santo, la ciudadanía encaminaba sus paso al Proceso, en manifestación comunitaria de cristiana caridad. En conclusión, todos los estamentos sociales estaban vinculados a la Semana Santa.

Hoy, un sector de la ciudad se apropió de las procesiones. La sociedad que refleja la Semana Santa actual, es la sociedad del siglo XVIII o la del XIX, incluso con mayores exclusiones, pero no la del siglo XXI. Muchos de los actores actuales ya no viven en la ciudad; y que vengan cada año a cargar, es una acción egoísta que los envanece pero que poco aporta al conjunto. Se hacen innovaciones para dar cabida a los hijos y parientes de ese pequeño sector, pero falta desprendimiento e imaginación para abrir espacios a los nuevos actores sociales de una ciudad de más de trescientos mil habitantes, en su mayoría ajenos e indiferentes a una tradición que no les pertenece.

Ni los estudiantes, ni los universitarios, ni los obreros, ni los campesinos, ni los comerciantes, ni los transportadores, y en general casi ninguna de las fuerzas vivas de la ciudad, sienten como propia la Semana Santa.

Cuando venciendo el egoísmo y los prejuicios se le entregue a cada comuna de la ciudad la responsabilidad de responder por un paso, o cuando se le asigne a cada sector, gremio o grupo social, un día de las procesiones para que responda por su organización, esta nueva sociedad hará suya la Semana Santa que recuperará solemnidad, respetabilidad y convocatoria, como consecuencia lógica de la devolución a sus verdaderos dueños: los hombres y las mujeres que viven en Popayán.

¡Totalmente de acuerdo!

Lo de entregar la responsabilidad de los pasos a las comunas es una idea original me parece, y que tiene sentido… Si alguna vez la responsabilidad de los pasos pasó de las cofradías y de la Iglesia, a las familias tradicionales, que se hicieron dueñas de los pasos, con cargos de síndicos hereditarios, pues también se puede revertir y “democratizar” esta “vaina”!


[Artículo y videos] Montaje judicial contra Carmelo Agámez, preso político entre los 7.500 que mantiene el régimen colombiano

28 febrero 2011

Les recomiendo este artículo de Rebelión sobre este caso, y los videos de Hollman Morris sobre el asunto:

Parte 1

Parte 2

Parte 3


Las Zonas de Reserva Campesina (ZRC)

10 febrero 2011

http://pbicolombia.files.wordpress.com/2010/12/100625acvc-ingles-pdf-adobe-reader.jpg

Ver el mismo texto aquí en PDF

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LAS ZONAS DE RESERVA CAMPESINA (ZRC),

UNA ENTIDAD TERRITORIAL LEGÍTIMA LUCHANDO POR LA UNIDAD, LA VIDA, EL TERRITORIO DE LAS COMUNIDADES CAMPESINAS DE COLOMBIA

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1/ Introducción: muy breve reseña de las Zonas de Reserva Campesina (ZRC)

Hace unos días en una noticias del periódico local El Liberal, leí algo sobre la región de los Montes de María, en la cual iban a entregar (restituir) tierras a campesinos víctimas del conflicto, y decía la nota que se iba a crear una Zona de Reserva Campesina…

Esta expresión no podía ser un invento del periodista, sino que tenía que ser una figura jurídica que ya existe, entonces en estos días busqué información relativa a estas Zonas de Reserva Campesina, y estoy muy contento con el resultado de la búsqueda. Tengo además la sensación de haber encontrado una muy buena respuesta a una problemática que identifique hace un tiempo en cuanto a la “competencia” supuesta entre indígenas y campesinos en el Cauca y el país.

Las Zonas de Reserva Campesina son una figura jurídica creada y regulada a través de tres textos, que son la Ley 160 de 1994 (capítulo XIII), el decreto 1777 de 1996, y el acuerdo de la Junta Directiva del INCORA 024 de 1996. Fueron creadas en los primeros años de vigencia (entre el 1998 y 2002) unas 6 Zonas de Reserva Campesina, en Pato-Balsillas (Caquetá), Calamar (Guaviare), Puerto Asís (Putumayo), Cabrera (Cundinamarca), Arenal y Morales (Sur de Bolívar) y Valle del río Cimitarra (Magdalena Medio). Y otras 14 solicitudes del resto del país fueron radicadas en el INCORA (hoy INCODER), sin llegar a recibir el visto bueno de las autoridades.

Creadas en un primero momento con entusiasmo y respaldo amplio, estas Zonas de Reserva Campesina, vivieron un periodo de dificultad durante el gobierno de Álvaro Uribe, y se han vuelto a mencionar desde la llegada de Juan Manuel Santos al poder y la instalación de Juan Camilo Restrepo como nuevo Ministro de Agricultura. Pero en su esencia, las ZRC también evolucionaron, lo que se puede analizar mediante un análisis del discurso reciente de los líderes de estas comunidades.

Para saber más acerca de las ZRC, vean un artículo bastante corto de la Revista Semana, luego un texto bastante más largo de una asesora muy experta, Yenly Angélica Méndez, y finalmente una tesis de grado de ciencias políticas de Silvia Becerra sobre el caso mismo de la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra (ACVC). (extraer el .doc del documento .rar)

Este texto pretende dar relieve a ciertos aspectos menos tratados en las referencias mencionadas, o exponerlos de una manera distinta, para aportar nuevos elementos de comprensión de las ZRC.


2/ Animémonos, pero no confiemos demasiado en la recuperación de la figura de Zonas de Reserva Campesina (ZRC) por el nuevo Gobierno Colombiano…

Mi primer punto de una cierta manera es una advertencia. A pesar de las noticias que nos dicen que el Gobierno, el mismo Presidente Juan Manuel Santos, y el Ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo, están hablando de Zonas de Reserva Campesina, que las van a apoyar, a rescatar, a favorecer, a multiplicar, no nos podemos dejar llevar por la euforia que legítimamente podemos sentir.

A mediados de los 90 fue creada la figura jurídica que nos interesa, debido a la presión generada por las “marchas cocaleras” del 1996, y en sus primeros años efectivamente hubo un gran entusiasmo de las comunidades campesinas que llevó a la creación formal de 6 ZRC en el país, entre el 1998 y el 2002, a pesar de la violencia que se ejercía en contra de los lideres de estas comunidades, pero al menos a nivel formal (institucional), el Estado respaldó legalmente la constitución de estas ZRC. Incluso el Banco Mundial estuvo detrás del Proyecto Piloto de creación de estas 6 ZRC.

Con la llegada del Presidente Uribe, estas ZRC fueron objetos de más amenazas por parte de los actores armados y hasta el título (y los derechos ligados) de una de estas ZRC fue suspendido: la Zona de Reserva Campesina del Valle del río Cimitarra (promovida por la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra – ACVC) existió legalmente apenas unos 6 meses. Le siguieron 8 años de estigmatización, persecución y militarización.

Durante los 8 años del Gobierno de Uribe, se frenaron más de una docena de solicitudes de constitución de Zonas de Reserva Campesina, se incrementó la violencia en contra de los líderes y “comuneros” campesinos, pero éstas consiguieron sobrevivir a esta estrategia legal e ilegal de debilitamiento por parte del Estado (o con su visto bueno). Incluso se creó una nueva ZRC “informal” (no legalizada) en el Huila, promovida por la Asamblea General de la Asociación de Afectados por la construcción del Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo, en el 2008.

Por tanto, la llegada de Juan Manuel Santos a la Presidencia, y su buena voluntad aparente de apoyar al campesinado colombiano, fueron interpretadas como un posible renacer de estas ZRC. El Encuentro Nacional de Zonas de Reserva Campesina a mediados del año 2010, posterior a la elección del nuevo Presidente, fue seguida por anuncios del mismo Presidente y del Ministro de Agricultura de su apoyo, y concretamente se habló en las últimas semanas de la creación de una o dos ZRC en la región de los Montes de María, muy afectada por la violencia armada, lo cual parece alentador.

Sin embargo, estos anuncios se acompañaron de algunas aclaraciones: podría desaparecer la limitación de cantidad de tierra por familia en las ZRC, y se acompañará de una mayor militarización del territorio. Así se desvirtuaría la esencia misma de la ZRC como espacios comunitarios que no permiten la extensión de las posesiones de tierra y como espacios de construcción de paz.


3/ Como las Zonas de Reserva Campesina pasaron de ser un proyecto de “desarrollo rural regional” del Banco Mundial, a ser unas organizaciones que luchan por la vida, el territorio y resisten ante el capitalismo transnacional…

Pero más allá del contexto de apoyo o estigmatización que muy fácilmente se podría revertir, o utilizar para propósitos propios del Gobierno y no para el cumplimiento de fines propios de los campesinos, es fundamental resaltar la evolución que se dio en el discurso de los mismos lideres de estas Zonas de Reserva Campesina, que muestran y demuestran cómo se ha asimilado el concepto, a 10 años ahora de su creación.

Cuando se implementa el Proyecto Piloto del Banco Mundial, el énfasis se da en el objetivo de desarrollo rural y desarrollo regional, el cual se supone debe generar condiciones para alejar la violencia del conflicto del territorio campesino. El desarrollo empresarial del pequeño y mediano campesinado es el propósito del proyecto del Banco Mundial, y es el mismo objetivo que hoy está resaltando el Presidente Santos cuando habla del apoyo a las ZRC. Pero lo que se observa es que con los años, los dirigentes y líderes de las mismas ZRC han ido enfatizando en otras ideas y conceptos, e incluso llegan a oponerse al modelo propuesto por el Estado (y el Banco Mundial).

En el 2008, la ACVC expresa su rechazo al mismo concepto de desarrollo y a los “proyectos agroindustriales” y pide poder implementar un modelo de “desarrollo alternativo”.

En el 2010, la creación (no reconocida por el Estado) de la ZRC de Quimbo, en el Huila, por parte de la Asamblea General de la Asociación de Afectados por la construcción del Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo, con el apoyo de varias organizaciones sociales de la región, responde tanto a necesidades de tierra de los campesinos como al rechazo a la entrada de las transnacionales en las zonas rurales del país. Se habla de defensa del territorio antes de que de desarrollo regional rural.

A mediados del 2010, en el Encuentro Nacional de Zonas de Reserva Campesina, liderado por la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra (todavía suspendida y no “reintegrada” al pequeño núcleo de ZRC legales), el discurso evoluciona todavía más: se habla de “lucha por la permanencia en el territorio”, de “construcción de procesos organizativos en resistencia a la economía de mercado”, y de “implementar los planes de vida digna campesina construidos y aprobados por el campesinado organizado” y la declaración común del Encuentro termina con un llamado a la “unidad del campesinado en lucha por la reforma agraria, la soberanía alimentaria y la vida, y en contra del capitalismo”.

De un Proyecto Piloto de desarrollo regional rural del Banco Mundial, las ZRC se han transformado en comunidades organizadas anticapitalistas, que luchan por la Unidad, la Tierra y la Soberanía Alimentaria, a través de varias estrategias entre las cuales la creación de “Planes de Vida Campesina”. Es muy notable el cambio semántico. Ya no se hablan de “planes de desarrollo” sino de “planes de vida”. No se quiere fomentar el “enfoque agroempresarial”, sino la economía campesina, a través de la defensa de la “soberanía alimentaria” y  la “resistencia a la economía de mercado”. Esto sí es muy alentador y nos puede llenar de esperanzas.


4/ Las Zonas de Reserva Campesina, ¿nuevas Entidades Territoriales reconocidas en defensa de derechos específicos de los campesinos, al igual que los Resguardos Indígenas y Territorios Afro?

Lo que hoy se visibiliza es la existencia de una “comunidad en resistencia”. En resistencia, debido a la estigmatización de la última década, las amenazas, asesinatos y otras expresiones de la violencia paramilitar en este país en contra de quienes defienden sus derechos.

Pero, el sentimiento de comunidad rescatado es crítico. Según Silvia Becerra, la comunidad “se cimiento en un ethos compartido por los miembros” sin el cual “la igualdad material no se mantiene, sin la posibilidad de autodeterminarse colectivamente la autorrealización personal tiende a frustrase”, uno de cuyos valores fundamentales es “el autogobierno-personal y social, apoyado en la relativamente igual posibilidad de cada uno de desarrollarse de acuerdo con sus ideales de vida y en la posibilidad de que los propios miembros de la comunidad determinen, colectivamente el modo en que quieren vivir”.

Estas comunidades organizadas que luchan por la Unidad, la Tierra y su Autonomía nos recuerdan claramente las luchas indígenas de las últimas décadas, y no es entonces ninguna sorpresa que los mismos líderes campesinos, como lo resalta Alfredo Molano, reivindiquen que las ZRC son “territorios inembargables, inalienables e imprescriptibles tal como lo son los Resguardos Indígenas y los Consejos Territoriales de comunidades negras”.

Las ZRC, en 10 años, pasaron de ser un intento de instaurar y consolidar el capitalismo en zonas afectadas por la violencia (a través del desarrollo rural regional), a ser unas verdaderas comunidades que exigen unos derechos campesinos específicos, como lo hacen los indígenas y los afros, que deberían ser recogidos en la nueva Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (y desafortunadamente es muy improbable que se de este desarrollo).

Pero como dijo el mismo Ministro de Agricultura, “la participación campesina [en el rediseño de la política de desarrollo rural] dependerá de su fuerza y de su organización”. Entonces, los compañeros campesinos de todo el país saben lo que tienen que hacer: Fortalecer sus organizaciones, presionar para la creación de más Zonas de Reserva Campesina, y exigir sus derechos. ¡Adelante!

Esperemos nunca más escuchar que los indígenas reciben tanto y los campesinos nada… Luchemos para que en un futuro próximo, los campesinos tengan sus derechos específicos reconocidos (y respetados), al igual que los indígenas (y afros), fruto de la movilización y la organización.

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Aquí pueden ver un documental cortico (unos 10 minutos creo), sobre la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra:

Colgar esta dirección en el lector de videos:

http://www.albatv.org/IMG/flv/Colombia__The_Peasant_Farmer_Reserve_Zone_of_the_Cimitarra_River_Valley.flv